Cuando la mente se halla inmersa en el mundo
tiene sede en el ano, genitales, y ombligo:
supervivencia, reproducción, dominio;
Materia trasmutando en Energía
siendo escalones por los que va subiendo
conciencia personal a superarse.
Un cuarto paso y al corazón asciende,
e incitado por algo trascendente
el hombre se pregunta ¿qué es todo esto?,
y en intuición de la Gloria que espera
sacrifica lo que resulta bajo
viviendo Amor que todo ego disuelve.
Un quinto plano de asiento es la garganta:
la Verdad interior halla su cauce
en expresión creativa y sanadora;
sólo se quiere hablar de lo sagrado
sintiéndose molesto e impaciente
cuando se trata sobre temas mundanos
y a distracciones más prefiere el silencio.
Hay un sexto lugar entre las cejas
donde conciencia encuentra su morada;
cesa el ruido mental involuntario
y atisba la visión de lo divino:
Inteligencia que todo lo ilumina
allí encerrada como en una linterna.
Cuando al fin pierde el ego su vigencia
ya no hay límites a encauzar el torrente
en torbellinos de la contingencia;
en torbellinos de la contingencia;
se alcanza el escalón en grado sumo
para aquello con un destino humano
y el río se disuelve en el océano
de la Conciencia (esta vez con mayúsculas).
¿Cómo pasar así pues de unos al otro?…
es siendo muy consciente en cada fase.
© albertotrocóniz / 19
Texto: de “LA BÚSQUEDA INCESANTE”
Imagen: de “FOTOPINTURA”
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