miércoles, 31 de julio de 2019

DESESPERO DE FAUSTO


(En gabinete medieval de altas bóvedas góticas)

¡Ay mísero de mí!, ¡ay infelice!,
pues que he apurado con caluroso esfuerzo
en toda ciencia y en toda disciplina:
filosofía, leyes, medicina
… por mi desgracia también di en teología,
y ahora me encuentro al cabo, pobre loco,
ignaro todavía, aún más que antes;

que aunque me digan maestro y llamen doctor
van para diez años doy en fatigar
vueltas y revueltas de acá para allá
asiendo por napias en un mal pasar
arriba y abajo, delante y detrás,
a alumnos incautos sin poder sacar
nada en claro de ello, sino el confesar
que nada a la postre se pueda saber;
tal me asfixia y quema dentro el corazón.

Sí, por descontado, me tengo en más sabio
que toda esa plaga pedante ilustrada:
doctores, maestros, frailes, escribanos…
y no me atormentan ni dudas ni escrúpulos 
ni abrigo temores de infierno o diablo;
a cambio he perdido cualquier alegría,
nada sé a derechas, nada sé enseñar,
nada con que a nadie pudiese guiar,
nada que a los hombres sirva a mejorar…

y encima de todo no tengo dinero,
ni honores ni fama que el mundo valore;
¿tal pila de horrores qué clase es de vida?,
ni siquiera un perro la podría llevar.

Por tanto me he dado a ciencias ocultas
para que esos textos de fuerza revelen
arcanos secretos que esconde Natura
y así en adelante, sudando yo en tinta,
aquello que ignoro no haya en confesar;
empero conozca lo que encierra el mundo:
íntimas potencias, gérmenes remotos…
¡por siempre abomino palabras juntar!.

¡Oh tú clara luna, si por vez postrera
mi pena alumbrase clemente tu luz!,
yo que tantas veces sentado al pupitre
agobiado y triste en noches en vela
aguardase al cabo a tu aparición.

¡Ah si al fin pudiera de una vez por todas
subir a las cumbres inmerso en tu nimbo,
recorrer cavernas do alumbras a espíritus,
vagar por praderas en grata penumbra
librado de espanto que inquieta conciencia
y cabal bañarme de luego en rocío
que brinda al sereno tu cálida luz!.

Mas por el contrario ¿en esta mazmorra
he de seguir preso por viejas cadenas?;
maldito agujero al muro escarbado
donde hasta el claror querido del cielo
filtra por vidrieras que al punto lo enturbian
dando sobre libros de polvo cubiertos,
viejos pergaminos roídos de gusanos,
ahumados legajos que atestan paredes
llegando a lo alto de las altas bóvedas;
me cercan redomas, cofres oxidados,
torvos alambiques que heredé en legado,
menaje obsoleto del antepasado;
ello me mantiene al hoyo aherrojado.
¿Es esto mi mundo?, ¿a esto un mundo llamo?.

¿Es que aún te sorprende que el corazón cese
de latir en pecho lleno de rencor?,
¿que un dolor oculto inhiba el impulso
que porta la vida frenando su elan?;
en vez de Natura en la que Dios puso
a sus criaturas, a la humanidad,
a ti te rodean huesos, calaveras,
mohosos esqueletos, carcasas ahumadas,
detritus inmundos del reino animal.

¡Huye! ¡salte fuera a abiertas llanuras!;
tan sólo de un libro te baste el consejo,
aquel misterioso que hizo Nostradamus
firmado y autógrafo de su propia mano;
en él puede verse mensaje de estrellas
que marcan el rumbo a Naturaleza
y con tal sapiencia al fin imbuido
sabrás cuanto acrece la fuerza en el alma
cual ya si un espíritu hablase a otro espíritu.

… … …






© albertotrocóniz / 19
Texto:  Para una versión no literal del Fausto
de J.W.Goethe
de: “EL LIBRO DE BABEL”
Imagen: "Fastidio de Fausto"
de DIBUJO Y PINTURA
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sábado, 27 de julio de 2019

LOS SIETE GIGANTES DE LOS URALES



En medio una meseta sita al norte
de los montes Urales allá en Rusia 
hay uno de los lugares legendarios
que existen en el mundo desde antiguo.

Como colosos se elevan hacia el cielo:
son siete monolitos espectrales
que asemejan surgir desde la nada
erguidos en la cresta de una loma.

Hay algunos estrechos por su base
desafiando leyes gravitatorias
y aquellas razonables de la lógica
que en principio parezca sea negada.

Su edad se cifra en millones de años,
unos doscientos o quizás trescientos,
(la Tierra era Pangea en aquel tiempo)
permaneciendo silentes desde entonces.

"Montaña de los ídolos de piedra";
tal fuese el nombre que dieron pobladores
—los Mansi, tribu que allí vivía—
y explicaron en leyenda su existencia:

“En aquel tiempo Kuuschay era su líder,
un hábil cazador de osos y ciervos
que tenía un hijo y una hija:
el joven Pygrychum y la bella Neroyka.

A la alegre princesa le gustaba
mucho cantar recorriendo los campos
cuando un gigante que escondía en el bosque 
quedó prendado locamente de ella.

Torev —que así el ogro se llamaba—
fue a su padre a pedirle la mano
quien por supuesto se la negó en redondo
despertando en rufián su odio y venganza.

Pidió Torev auxilio a sus hermanos,
otros cinco mastodontes furibundos,
para que le ayudasen a raptarla
destruyendo aquella villa y sus murallas.

Rogó Kuuschay la ayuda de los cielos
que la ocultaron entre una densa niebla,
mas los colosos golpeando a todos lados
rompieron al final la empalizada

… aun no lograsen al cabo su propósito
ya que antes los mansi habían huido
refugiándose en las altas montañas;
pero los ogros allá se dirigieron.

Al despuntar el día el príncipe heredero 
salió a enfrentarse a ellos con sus hombres;
iba a caballo y en su mano una espada
que dioses protectores le forjaron.

Blandiendo el arma se reflejó en su hoja
la luz del sol que cegó a los matones
convirtiéndolos en ese instante en piedras,
y allí quedaron los seis sobre la loma.

Mas también un rayo de luz fue y diese
sobre el rostro del valeroso jóven 
quien asimismo se transformara en roca
(a una cierta distancia, vigilante
de que las otras en más no se moviesen)”.

Y ahora aquí ya la explicación científica:

La erosión desgastando la montaña
fue dejando al descubierto los "gigantes"
que vivían su vida soterrada
agazapados rodeados de otras rocas
de un material más débil deleznable;

vientos y lluvias se encargaron del resto
sacando esas figuras de la tierra:
primero asomarían la cabeza
y luego con los siglos, corpachones.

Tal la leyenda de "los siete gigantes",
la formación geológica curiosa
que incita a imaginar un tiempo mítico 
en tan remota región de los Urales.







© albertotrocóniz / 19
Texto: de “POEMAS DEL MITO”
Imagen: “Los Siete Gigantes”
de “FOTOFILTRADA”
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jueves, 18 de julio de 2019

SIETE CHAKRAS

Así dijo el maestro al caminante:

Cuando la mente se halla inmersa en el mundo
tiene sede en el ano, genitales, y ombligo:
supervivencia, reproducción, dominio;
Materia trasmutando en Energía
siendo escalones por los que va subiendo
conciencia personal a superarse.

Un cuarto paso y al corazón asciende,
e incitado por algo trascendente
el hombre se pregunta ¿qué es todo esto?,
y en intuición de la Gloria que espera
sacrifica lo que resulta bajo
viviendo Amor que todo ego disuelve.

Un quinto plano de asiento es la garganta:
la Verdad interior halla su cauce
en expresión creativa y sanadora;
sólo se quiere hablar de lo sagrado
sintiéndose molesto e impaciente
cuando se trata sobre temas mundanos
y a distracciones más prefiere el silencio.

Hay un sexto lugar entre las cejas
donde conciencia encuentra su morada;
cesa el ruido mental involuntario 
y atisba la visión de lo divino:
Inteligencia que todo lo ilumina 
allí encerrada como en una linterna.

Cuando al fin pierde el ego su vigencia 
ya no hay límites a encauzar el torrente
en torbellinos de la contingencia;
se alcanza el escalón en grado sumo
para aquello con un destino humano
y el río se disuelve en el océano
de la Conciencia (esta vez con mayúsculas).

¿Cómo pasar así pues de unos al otro?…
es siendo muy consciente en cada fase.






© albertotrocóniz / 19
Texto: de “LA BÚSQUEDA INCESANTE”
Imagen: de “FOTOPINTURA”
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martes, 9 de julio de 2019

RESONANCIA MAGNÉTICA

He ido a hacerme la susodicha prueba
que en principio no es un plato de gusto;
no es que sea de por sí dolorosa
pero resulta incómoda, agobiante.

Como a Jonás tragado por ballena
te meten en un tubo cual su esófago
do tienes que vencer la claustrofobia
un largo lapso acosado de pitidos 
y de extraños sonidos maquinales.

Para poder sobrellevar el trance,
de la necesidad virtud haciendo,
jugué a interpretar esos mensajes
que el universo por todos mis pecados
me enviaba a través del artilugio.

Se inició la sesión con un ladrido
o tal me pareció: dos o tres "guaues" 
seguidos de una serie interminable
de rítmicos estruendos alternantes
que repetían la sigui­ente retahíla:
"treintaycuatro treintaycinco treintaycuatro
treintaycinco treintaycuatro treintaycinco ...."
y así por un buen rato obsesionante.

Hubo después sonar de golpes secos
cual si de alguna protesta se tratase
con aliens aporreando cacerolas
por no se sabe qué reivindicaciones.

Paró la cosa, mas no por mucho tiempo;
denso silencio a crear expectativas
(aunque nunca esperando diera paso
a novena sinfonía de Beethoven).

En efecto, pues siguiose un pitido
"prrrrrrrrr......"
cual si a uno le marcasen una falta,
o la Guardia Civil me diese el alto
dispuestos a ponerme alguna multa.

Y otra vez "guaus", y de nuevo la serie
de los guarismos, aunque curiosamente
en vez de "treintaycuatro y treintaycinco",
tan sólo eran ahora "treintaycuatros" (¡?).

Chocaba ver a máquina tan seria
de temeroso aspecto e imponente
comportarse como chiquilicuatra
por no decir francamente demente.

Viendo el absurdo ya es que me dió la risa 
invadiendo estertores en abdomen
por lo cual temí que el movimiento
echase a perder toda la prueba
(que exige te estés quieto como un muerto).

Con gran esfuerzo contuve carcajadas
pensando qué diría la enfermera
vigilante a través de ventanilla
tomándome sin duda por un loco,
o bien tal vez dudando si controles 
no habría regulado cual se debe
y trastocados parámetros al cabo
el magnetismo me hubiese hecho cosquillas.

Pensé por tanto en alguna cosa seria:
que si al salir encontraría un taxi
para aliviar la artrosis en tobillos
(que era el motivo que allí me había traído). 

Pero gracias a dios quedaba poco
pues enseguida en variación simpática
a esos sonidos absurdos perfunctorios 
dando el mensaje de algún extraterrestre…

fuese el oír gratísimos acordes
como si campanarios al unísono 
una gran fiesta por lo alto celebrasen
cual de Resurrección de Jesucristo.

Tal me sentí, salvando las distancias,
cuando al fin me extrajeron del cilindro
deslizando la mesa mortuoria 
donde estuve yacente en tal sarcófago.

A la enfermera en plan ángel que quitase
la vendas que me ataban allá dentro
le respondí a su amable pregunta
de “¿qué tal había estado todo?”
con algo que quizás desconcertase:

"Me lo he pasado bomba en ese tubo;
más divertido que el "túnel de la risa".





© albertotrocóniz / 19
Texto de: “TALCO MOLO EO”
Imagen de: "FOTOFILTRADA”

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jueves, 4 de julio de 2019

Revisitando «LINCOLN: UN INDIGNADO A MÁS DE ANTISISTEMA»

En Fiesta Nacional que hoy es de USA
un recuerdo merece el personaje
que unificó los estados enfrentados
además de otra cosa muy importante
que quizás no se conoce tanto: cambiaría el sistema financiero
por corto tiempo desgraciadamente
pues muriese por ello asesinado…
































(Representado arriba sólo en muestra; para acceder pulsar sobre el enlace)

miércoles, 3 de julio de 2019

MINOTAURO, TESEO, LABERINTO


Losa de catedral, un laberinto
en que topan los pies del peregrino
a quien plantea el recóndito reto
de embarcarse hacia un viaje iniciático.

Acomodado en un banco de la nave
pienso en el antiguo mito griego
que el "camino del héroe" nos propone:
un mensaje vigente en cualquier tiempo.

Entre vastas paredes encerrado,
conocedor de todo vericueto
espera el Minotauro que algún ruido
delate la presencia de un intruso.

Los huesos de otros muchos triturados
rodean esparcidos por el suelo;
ya un resplandor de tea se refleja
en corredores y esquinas por el antro.

Ténsanse músculos en la bestia
prontos a destrozar al extranjero
y se relame anticipadamente
del sabor de la sangre y de los tuétanos.

Jugará al principio quizá un poco
como “al ratón y al gato”; diversiones
no son precisamente lo que abunda
en soledad de sibil tan siniestro.

¿Por qué no hacer un arte de la muerte?:
dejará oír primero su mugido
que a entrometido hiele la sangre en venas,
quien tratará de huir por senda opuesta.

Pero el trazado que tiene el laberinto 
que construyese habilidoso Dédalo,
hace que vuelva, andado un cierto trecho,
al mismo punto fatal do espera el ogro.

La fiera al poco permitirá vislumbre
su sombra atroz en muro agigantada;
de luego hará que en cuello sea notado
el tibio vaho de su fétido aliento.

Dejará huir unos metros a su víctima
para toparse con él después de frente
y no habrá salvación al infelice
machacándole con clava el esqueleto.

Ya retumban gemidos por la gruta
que amplía la caverna con sus ecos;
hórridos gritos como nunca se oyesen,
luego estertores, ya nada se percibe.

A la entrada de cueva la luz pálida
de la luna ilumina embocadura;
se distingue un cordel trenzado en oro
que poco a poco se va poniendo tenso.

Hasta que al cabo figura ensangrentada
asoma asido de él con una mano
y con la otra detrás arrastra a engendro;
lo habéis adivinado, sí, es Teseo.

El vericueto es tu mente tu cerebro
el laberinto tú, también la antorcha
que te lleva hacia el monstruo y las paredes
construidas de bloques minuciosos
hechos de ideas, de esperanzas, de miedos.

Tú eres el hilo dorado que te guía,
y tu alma Ariadna que hacia lo alto impele,
tú eres el Minotauro, y tú Teseo;
tal la lección de losa en laberinto.





© albertotrocóniz / 19
Texto: de “POEMAS DEL MITO”
Imagen: “Minotauro”
de “DIBUJO Y PINTURA”
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