HIPERIÓN A BELARMINO:
Otra vez el amado suelo de mi patria
vuelve a proporcionarme
alegría y dolor multiplicados:
pues ahora subo todas las mañanas
a las alturas de istmo de Corinto
y allí como una abeja entre las flores
de acá para acullá zumba mi alma
a derecha e izquierda entre los mares
que a ambos lados se extienden refrescando
los pies de montes ígneos a quien bañan.
Cualquiera de esas entre las dos bahías
me hubiera antaño también proporcionado
enorme gozo de haber yo aquí vivido
en estas tierras, pero hace dos milenios …
Cual semidiós triunfante entre el salvaje
esplendor de Helicon y del Parnaso
-en que la aurora juega con mil cumbres nevadas-
y la llanura de Sicion paradisíaca,
iba el mar de la bahía en resplandores
a la alegre ciudad, la juvenil Corinto
derramando como ante prometida sus riquezas
procedentes de todos los confines.
Pero ahora ¿cuál puede ser la dicha
cuando aullidos de chacal aquí resuenan
en bestiales y funerarios plantos
entre ruinas y escombros de lo antiguo
e inclementes me sacan de mi sueño?.
Dichoso el hombre que alegra y fortifica
el corazón con patria que florece,
pero a mí cuando esta mía me recuerdan
fuera cual si a un pútrido charco me arrojasen;
cual si de mi ataúd clavetearan la tapa;
y cuando alguien dice “griego”
es un dogal de perro que al cuello me calzasen.
Y además, amigo Belarmino,
cada vez que por descuido escapan
de mi boca palabras como estas,
o bien la rabia da en lágrima a mis ojos,
se acercan esos sabios miserables
que tanto gustan lucirse en nuestros días
quienes un alma sufriente necesitan
para aplicar en cataplasma sus consejos
y amistosos echando mano plúmbea
así me dijen: << lamentarse no, actúa > >.
Ójala actuado nunca hubiera
que algo más rico fuese en viejas esperanzas;
¡olvídate pues de que haya hombres
mísero corazón atormentado
acosado mil veces, vuelve al punto
de donde tú procedes, a los brazos
de la inmutable, hermosa, y fiel natura!.
… … …
© albertotrocóniz / 13
Texto: para una traducción poética de
el “Hyperión o el Eremita en Grecia” (1797-99)
por Friederich Hölderlin,
de “POEMAS DE BABEL”,
Imagen: “El Caminante sobre el Mar de Nubes”
por Caspar David Friedrich (1818),
de “PINACOTECA"





















