viernes, 17 de enero de 2014

LA LEOPARDO, SU CRÍA Y LA SERPIENTE

La hembra de leopardo va de caza
y ha de dejar a su cría por un tiempo
sola en guarida ocultada en la cueva
bien protegida por muralla de espinos

… que impedirán que hienas y leones
accedan fácilmente al escondrijo
y así tranquila pronto de allí se aleja
a buscar una presa a tener leche
para dar de mamar al pequeñuelo.

Una pitón que entre rocas se esconde
es predador al que no paran zarzas
y con su lengua bífida olfatea
la fácil víctima durmiendo dentro en gruta.

Ojos de asombro del cachorro enfrentado
a hipnótica mirada que le observa;
nunca se ha visto en tal, ¿será un amigo
que hacia él avanza y con su cuerpo envuelve?

… y le aprieta en su nudo hasta romperle
la frágil estructura de los huesos;
débiles quejas con que llama a la madre
pero de nada sirven y lo asfixia.

Ya es un guiñapo dispuesto a deglutirse;
desencaja las fauces, las dilata
y engulle paulatina por el bulto
moviendo sus anillos peristálticos.

En todo caso es grande y cuesta mucho
de arrastrar a interior para regarlo
con ácidos y jugos que digieran
la piel, los huesos, las vísceras, los músculos.

La madre siente que algo va mal y vuelve;
llama a su cría con discretos rugidos
mas no contesta, insiste en todas partes
de aquel montículo que creía fortaleza.

Ya divisa al ofidio, duerme plácido
en plena digestión y se trasluce
volumen sospechoso en una parte
mucho más ancha de su viscoso cuerpo.

En la intuición de que allí esté su hijo
el felino toma la iniciativa
y araña en esa zona de más bulto;
entablándose pelea entre las bestias.

Reptil abotargado se defiende
esquivando zarpazos, mas la herida
causada en aquel flanco ha desgarrado
un buen trecho de piel que mana en sangre.

La pitón huye y se esconde entre piedras
a esperar que la fiera de allí aleje
mas ella aguarda en lo alto de la roca
por varias horas sin apartar la vista.

Tras mucho tiempo la serpiente sale,
pero antes de que ataque el leopardo
inesperadamente regurgita
el bocado que en tripas tanto pesa.

Es una táctica para estar más ligera
y poder huir aprisa del peligro;
el bulto informe oscuro y maloliente
queda en el suelo y la madre lo avista.

En la inocencia que es el puro presente,
ella no toma venganza ni persigue
al criminal, tan sólo le interesa
aquello que fue su hijo y que ahora lame.

¡Y sorprendentemente lo devora!;
¿quién sabe la razón?; ¿es no dejarlo
abandonado de nuevo a los reptiles,
a los buitres, a hienas y a leones?;

¿o último acto de amor incorporándolo
otra vez al seno donde estuvo?;
¿o mera hambre quizás, donde natura
aplica su ley férrea, esa que impone
el que sobrevivir sea la consigna?.



© albertotrocóniz / 14
Texto: de “ESCENAS Y CIRCUNSTANCIAS”
Imagen: de “FOTOPINTURA”


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