sábado, 3 de agosto de 2019

PACTO DIABÓLICO

(En gabinete medieval del Doctor Fausto)

Fausto.
¿Llaman?,  … pase, la puerta está entornada;
¿quién osará de nuevo importunarme?.

Mefisto.
Soy yo

F.
         … se puede entrar, creo que ya lo he dicho.

M.
Por tres veces habrás de repetirlo.

F.
¡Entonces adelante ya sin más!.

M.
 Tal cual haces me place, así confío
que tú y yo al cabo nos vamos a entender. 

A disipar el mal humor que tienes 
vengo en guisa de apuesto gentilhombre, 
en traje rojo con agremanes de oro,
esclavina de seda relumbrante,  
pluma de gallo en lo alto del bonete 
y daga larga muy afilada al cinto.

Y ahora sin dilación te recomiendo 
vistas igual, para que liberado
puedas gozar la vida y sus placeres.

F.
En cualquier traje he de sufrir la pena
que nos impone la estancia terrenal:
para jugar soy viejo en demasía,
joven empero a los deseos renunciar;
así que el mundo ¿qué me podría ofrecer?…

¡Renunciar!, ¡tienes que renunciar!:
tal es la cantinela repetida 
que a todos nos retumba en los oídos
durante día y noche, hora tras hora,
y que en voz agria escuchamos sin cesar.

Espantado despierto en las mañanas
con amargura y ganas de llorar
al ver que el nuevo día en su camino
proseguirá sin que tan sólo uno
de mis anhelos se vea satisfecho,
y hasta la perspectiva de un contento 
machacarán tantas trivialidades
e iniquidad de vida cotidiana;
luego al llegar la noche y acostarse 
seré asaltado en mil sueños angustiosos
sin que siquiera sea posible descansar.

El dios que habita al interior del pecho
ya  puede conmoverse en lo más íntimo,
pero ese otro que rige mis potencias
resulta incapaz de trasladarlo
a realidad que cambie lo exterior;
de tal manera la vida se me hace
una carga pesada insoportable
siendo por ende algo que detesto
llevándome a la muerte desear.

M.
Y sin embargo tal dama no resulta
lo que se dice un huésped agradable.

F.
Feliz aquel que una gloriosa muerte
ciñe su sueño con un laurel sangriento,
o aquel que tras mil lances amorosos
halla su fin en brazos de la amada.
¡Ah si pudiera yo también desplomarme
en medio del vigor de un fuerte espíritu!.

M.
Y sin embargo hubo quien una noche
no apurarse cierto oscuro veneno.

F.
El espiar, ya veo, te complace

M.
No soy omnisciente, mas muchas cosas sé.

F.
Aunque en tal ocasión del negro abismo
me apartase un dulce son venido
a recordarme una época lejana
reviviendo infantiles sentimientos,
maldigo ahora todo lo que en el alma
enreda con lisonjas y mentiras
maldigo la alta opinión que tiene
la persona orgullosa de sí misma

¡y sobre todo maldigo la paciencia!.

… … …




M.

No soy como ya sabes el más grande,

pero si quieres asóciate conmigo

y guiaré tus pasos por la vida:

gustoso me hallarás siempre dispuesto,

seré tu compañero y servidor. 



F.
¿Y qué demonios habré de darte a cambio?. 

M.
Para ello te queda aún mucho tiempo. 

F.
Nada de eso, el diablo es egoísta
y no da nada por el amor de Dios;
explica en forma clara el compromiso
que gran peligro conlleva el ayudante.

M.
Yo "aquí" me comprometo a tu servicio
y cumpliré cualquier deseo tuyo,
empero "allá" cuando nos encontremos
tú deberás conmigo hacerlo igual.

F.
El más allá no me importa un comino,
todo lo que me importa es solo "aquí",
mi placer radica en este mundo
y mi dolor se da bajo este sol;
si con antelación de "aquí" he de irme
que ocurra lo que tenga que ocurrir,
y nada quiero saber de otras esferas,
si en ellas hay lo inferior o superior.

M.
En tal caso bien puedes arriesgarte,
únete a mí verás tú en este lapso
todas mis artes con gran delectación:
yo te daré lo que nadie haya visto.

F.
Qué podrías darme tú pobre diablo,
¿puedes acaso saber de aspiraciones
a las que tiende un hombre superior?;
tan sólo ofreces alimento que no sacia.
Si hay un momento que prefiera tumbarme
y ociosamente echarme a descansar,
me dará igual lo que al cabo sea de mi;
si acaso logras me sienta satisfecho,
que sea entonces aquel mi último aliento;
en tales términos realizaré mi apuesta.

M.
¡La acepto!.

F.
………         Choquemos pues las manos.

Si llega el día en que en algún instante
acaso diga "detente eres tan bello",
podrás al punto ponerme las cadenas
y que se oigan doblar por mí campanas
que de seguido con gusto me hundiré;
tú por tu parte del pacto que tenemos
te librarás cuando el reloj parado
y sus agujas desprendidas de esfera 
marquen final del plazo para mí.

M.
Bien me parece, mas no lo olvides nunca.
Yo esta noche empezaré a servirte,
pero ahora, te lo ruego, una cosita 
queda pendiente, tan sólo un par de líneas.

F.
¿Lo exiges por escrito so pedante?,
¿no has conocido un hombre de palabra?;
¿de qué modo prefieres espíritu mezquino?,
¿bronce, mármol, papel, o pergamino?;
¿grafiado con buril, pluma, estilete…?,
te dejo a tí entera la elección.

M.
¡Vamos, por Dios, te ruego no exageres!,
una simple cuartilla servirá,
… si no es molestia firmada con tu sangre.

F.
Pues sea así si tal te hace ilusión.

M.
Siempre la sangre fue un jugo especialísimo.

… … …





© albertotrocóniz / 19
Texto:  Para una versión no literal del Fausto
de J.W.Goethe
de: “EL LIBRO DE BABEL”
Imagen: "Visita de Mefisto"
de DIBUJO Y PINTURA


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