viernes, 7 de marzo de 2014

GURÚ

Inoculaste con bendita mirada 
la comprensión de lo que era la esencia;
todo acalló, desapareció todo 
quedó tan sólo entera la Presencia.

De lo que Es y no es sujeto a cambio:
el Yo eternal que como hilo de Ariadna 
fue lo constante en el tiempo y las formas 
que en el caleidoscopio se mutaban.

Me confundí por siglos con colores,
con vanas sombras movidas por el viento;
tomé por realidad a la serpiente 
luego tú me mostraste que era soga. 

Y todo el miedo desvaneció al instante 
no dependiendo mi ser de cosa externa,
me señalaste mi origen y mi esencia 
como Energía, Amor e Inteligencia. 

Me hiciste ver la trama de tapices;
lo que es detrás de meras apariencias,
diste a mi vida un vuelco como al guante 
que vuelves del revés cuando despojas.

Y cual el tigre que tiene a la gacela
ya entre sus garras y no podrá escaparse
del mismo modo fueron en mí palabras
con que prendiste mi ser entre tus fauces.

Años busqué -cuento los de esta vida-
que el iceberg se hunde en profundidades 
desde tiempos oscuros en cavernas;
largo fue el viaje que al fin hizo conciencia.

Dicen que el maestro se acerca a su discípulo 
cuando ya ve que el fruto está maduro 
y su bastón tan sólo en leve toque 
hace que caiga del guindo donde espera.

Fue sí el gurú, ahora lo reconozco, 
en mi interior por siempre allí guiando 
con “esto no”, “esto no”, viendo y discriminando 
que el mundo no da aquello que se anhela.

Dioses tampoco se encuentran en ideas 
hechos sin duda a imagen-semejanza 
de nuestro ego para paliar la muerte 
endebles máscaras de la persona hueca.

Yo, Dios y Mundo; todo ello se resume 
en la unidad del Ser, en La Presencia 
inmune a todo, sólo ella auto-refulge 
con el marchamo de Realidad auténtica. 

Y fuiste tú Maestro en la variante 
encarnada en un ser inesperado  
el que por fin -bendito sea aquel día- 
pusiste fin a largos autoengaños.

Tus palabras tenían en mi un eco 
desconocido y al tiempo tan cercano;
fue la verdad buscada allí brotando 
reconociendo yo mismo aquello era. 

Luego el mirar calando en lo más hondo 
nada a esconder posible fue ante ello 
una exigencia de ser en transparencia;
la transparencia, oh sí, la transparencia.  

Postro a tus pies; tú llama enciende llama 
que ponga a arder montañas de mentiras 
y se afirme la luz, la que es por siempre 
sobre el telón de fondo del silencio. 




© albertotrocóniz / 14
Texto de: “BUSCANDO COMPAÑÍA DE LOS SABIOS”
Imagen: “Llama Enciende Otra” de FOTOPINTURA



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