domingo, 9 de abril de 2017

PALMAS Y OLIVOS EN DOMINGO DE RAMOS

Naturalmente pleno en significados
es este día importante al cristianismo:
no es de extrañar que a Jesús se reciba
(como se hacía ya en otras culturas
con héroes vencedores de la muerte
entre otros, Horus, Mitra, Dionysos…)
entre palmas y entre ramas de olivo,
pues lo que significan tales árboles
es lo inmortal al ser de hoja perenne
y él representa asimismo vida eterna
(que debe siempre entenderse del espíritu,
pues la carne es falaz, no sobrevive).

La palmera de dátiles es árbol
que debido al haz de su penacho
fue dedicado al Sol por esos pueblos
que tuvieron en ella su alimento,
clave en la transición del pastoreo
a recolecta de sociedad agrícola:
del nomadismo hasta el asentamiento
que dará origen al cabo a las ciudades
y por ende a civilizaciones;
héroe civilizatorio es también Cristo.

Es árbol de la vida, un "axis mundi",
crece siempre derecha, es lo correcto;
el varón justo, fértil y creativo
cual en la Cruz halló su paradigma.

La palmera, aun viva ayuna de agua,
es regada con sangre de los mártires
y simboliza al cabo su victoria
el trance de la muerte trascendido.

No es casual que el ave Fénix sea
al resurgir de sus propias cenizas
—cual también hizo el Cristo resurrecto—
asociada con su nombre a palmeras;
se dice que este ave mitológica
construía su nido en la más alta
hecho de nardos, de mirra y de canela.

La palmera blanca, la de Semana Santa,
al ser de tal color se le dedica
a la Gran Madre, a la gran diosa ctónica
Démeter y también Proserpina
contrapunto a Plutón dios del averno,
y en contraste con reino de la muerte
es retorno de vida en primavera;
donde resurrección tiene su símbolo.

El Olivo resulta de otra parte
un árbol del principio femenino
como asimismo la Luna compañera;
una antigua leyenda nos afirma
que en las noches cuando se encuentra llena
—cual fuera la del huerto de esa víspera—
sus hojas vuélvense a contemplarla
y de ahí que su envés sea plateado.

La ramita de olivo y la paloma
son símbolos de paz: fin del conflicto
tras Diluvio en Antiguo Testamento,
y en el Nuevo, tras Gólgota, el Espíritu.

El olivo fue regalo de Atenea
a la ciudad que le dio el patrocinio
al ganar la disputa por el mismo
a Poseidón quien obsequió una fuente
brotada de la coz de su caballo
mas resultó que el agua era salada
como es propio del dios de los océanos.

Rechazando aquel "obsequio envenenado",
se reputó el olivo más valioso
ya que de él podían obtenerse
el aceite, alimento de los hombres,
la luz en combustible para lámparas,
óleo de unciones y bálsamo de heridas
tal como singularmente hace el Cristo.

Se dice que el olivo nunca muere:
aquel olivo sagrado del regalo
en la invasión de Atenas por los persas
fue quemado por soldados de Jerjes
pero sus vástagos al cabo retoñaron
y hoy todavía perviven en la Acrópolis.

De otra parte palmera y el olivo
son símbolos del sol y de la luna;
del principio masculino y femenino
que han de integrarse en un todo conjunto:
Yang y Yin en el Tao,
Shiva y Parvati en el induismo,
y ya en la civilización grecolatina:

uno es Apolo el héroe y el artista,
la luz de la razón, el equilibrio,
la belleza canónica, la música…
y otro su hermana Artemisa, los instintos
la vida natural, los animales,
fuentes y manantiales, lagos y ríos;
protectora de partos y la infancia,
aún ella misma se mantenga virgen…

ambos gemelos nacidos entre esos árboles
(de Zeus y Leto, en Delos la isla errante),
buscan la unión al cabo de contrarios
realizada más tarde en monte Gólgota
en eje de la Cruz integradora.

Así ambos árboles la palmera y olivo
como símbolos de vida inmarcesible
que subsume a los polos opuestos
son adecuados a recibir a ese
que tras la muerte de nuevo resucita.




© albertotrocóniz / 17
Texto: de “RITOS, MITOS, SÍMBOLOS”
Imagen: "Palmeras y Palmas" 
de "FOTOPINTURA"


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