martes, 16 de junio de 2015

EXPLORADOR.ES

(a Javier Alonso-Iñarra
con admiración y afecto)

Cómodamente sentado en la penumbra
del vetusto salón de conferencias
de "Sociedad Geográfica Española"
atiendo a las sesiones invitado
por un amigo que tengo en su-gerencia.

Me asombra ver allí tanta proeza
expuesta en mil relatos increíbles;
discurrir ante mí en diapositivas
imágenes atroces impactantes,
más que nada al valorar que yo hago
todos mis viajes desde un sillón de orejas.

Tiene que haber de todo, exploradores
que se internen por selvas imposibles
y allí con gran peligro que sus vidas
descubran nuevas plantas venenosas,
variedades hasta ahora nunca vistas 
de arañas con formas inquietantes,
de murciélagos con aspecto de zorro,
de zorros con aspecto de murciélago
y a tan feas bestezuelas den su nombre
en los tratados así emulando a Darwin.

Cosas prácticas, se aprenden cosas prácticas
como hacer fuego frotando unos palitos
para poder hervir una anaconda
en las aguas infectas de algún charco
que proporcione ración de proteínas
tan necesarias para seguir andando
acribillado de hormigas y mosquitos
(anteriormente se ha sido de vacunas).

Sabios consejos: no se te ocurra nunca
bañarte en Amazonas desnudito
que es variante del bidé con pirañas
y mucho menos mear dentro del agua:
hay ciertos pececillos muy pequeños
de formas fusiformes que insolentes
te detectan en la cálida corriente
y a ella nadan tomando el canutito
por cierto pez a quien le parasitan;

se introducen por el tubo los indinos
cual si agalla del pescado aquello fuese
—miedo me da el tan sólo pensarlo—
sin deferencias a conductos deferentes
avanzan su camino hasta los güevos
y allí empiezan a roerte desde dentro
y la muerte es cruel, dolorosísima.

"No tienes salvación" dicen ufanos
coroneles Tapiocas y sargentos
después de haber estado casi al borde
de —comulgando con el paisaje idílico—
hacerse un orín-oco en Amazonas;
no quiero imaginar lo que suponga
el citado percance allá en la selva
sin teléfono de urgencia ni ambulancias.

Otros "las pasan canutas" pedaleando
al Polo Norte o Sur, hay que buscarse
nuevas maneras de hacer las viejas cosas;
ya no sirve por ejemplo sea en trineo,
aunque yo pienso que de todas maneras
es más estético huir de un oso en patinete
tirado por los perros tan simpáticos
que de él "salir por pies" en bicicleta;
parecerían risibles los esfuerzos,
¿qué foto mandaríamos al periódico?.

Un muchacho meritorio ahora está dando
la vuelta al mundo en su silla de ruedas;
no se conforma —y hace bien— con su desgracia,
va sin un duro por todos los países,
lleva tan sólo sonrisas por monedas
(más su Ángel de la Guarda de horas extras);
era de ver acrobacias que hacía
con su "vehículo" en plan todo-terreno
subiéndose al estrado de la sala
para dar desde allí su conferencia.

Hay quien se cruza el Cono Sur en moto
como un amigo querido del colegio
que terco nunca lleva el GPS
prefiriendo consultar a las mozas
en encuentros variados fortuitos;
si no se pierde en hoscos laberintos
—peor de ciudades que aquellos de las selvas—
la cosa da para hacer bellas crónicas
y después colgarlas en el Facebook.

Surcar océanos con olas de diez metros
después de calma chicha por semanas;
trepar al mástil con viento huracanado
para arriar las velas atoradas,
luego bajar empapado a cabina
y "hecho una sopa" tomar otra de sobre
y en Cabo de Hornos no comerse un asado
mas sólo al cabo unas galletas rancias.

Glaciares, ¡qué me dice de glaciares!;
apasionantes son para ciertas gentes,
su exploración muy peligrosa, hay grietas
que se abren a los pies inesperadas
y puedes ser un fósil por los siglos
cuando te encuentren allí bien conservado
(más que "on the rocks", sepulto dentro de ellos)
y te lleven a un museo antropólogico
y desde tu urna ver pasar a colegiales.

Los desiertos, no olvide los desiertos:
de otro costal es esa harina-arena;
cartografiar las dunas en un mapa,
he ahí un reto que lleva varios años
pendiente de un chalado que acometa 
esa labor propia de una Penélope.

Lo importante es encontrar cierto algo
que nadie lo haya hecho entodavía;
ya van quedando poquitas cosas sueltas
aún por hacer y conseguir un récord.

Nos resta por supuesto lo de Marte;
explorar el espacio es importante
para mandar allí nuestras colonias
cuando en la tierra ni un alfiler ya quepa
(hasta los indios han lanzado una sonda)
con superpoblación a la que vamos.

Siempre habrá por ahí un planetoide
en cierta estrella de lejana galaxia
con condiciones climáticas que dejen
que los humanos de nuevo allá se asienten
y proporcionen frescos picachos, selvas,
inhóspitos desiertos y glaciares
para que el hombre de "culo inquieto" explore
(aun sea merienda de algún extraterrestre).

Acaba conferencia y vuelvo a casa,
la verdad, un tanto anonadado
y molido por tanto viaje incómodo;
así concluyo: ¡viva el sillón de orejas!,
que bien pensado yo también navego
(por Internet) en mares procelosos
metiéndome en jardines si no en selvas;
asimismo me precio el que mantengo
en cada puerto (USB) una novieta.

Prefiero más que trasegar espacios
el deambular por tiempos y por épocas,
por ejemplo con un libro de historia
y/o con alguna buena novela
asisto a guerras y a revoluciones
sin peligro ninguno para el body
con un gin-tonic con hielo entre las manos
(muy eficaz ante malaria, leo). 



© albertotrocóniz / 15
Texto: de “LA ESPUMA DE LOS DÍAS”
Imagen: “Explorador, Mariposa y Tarántula”
de “DIBUJO Y PINTURA”.


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1 comentario:

  1. http://albertotroconiz.blogspot.com.es/2015/06/exploradores.html
    http://tinyurl.com/zpjfwwa

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