viernes, 25 de diciembre de 2015

MITO DEL DIOS NACIDO DE UNA VIRGEN

En numerosas culturas se da el mito
del Dios que surge nacido de una virgen;
así tenemos por ejemplo entre otros:
a Orus, Osiris, Krisna, Zarathurstra,
Orfeo, Mithra, Dionisos, Jesucristo…
y a otros muchos de civilizaciones.

Con frecuencia también —y es sintomático—
el que nazcan en tiempo del solsticio
cuando el astro, quieto por unos días,
remonta paulatino en su carrera
e incrementa la luz para los hombres.

Más allá de realidad histórica
prima aquí la potencia del símbolo
a la vista del cual nos preguntamos
a qué responde esta insistencia extraña
que aparece en lugares muy distantes
y en épocas de por siglos separadas
si no es por que refleja el arquetipo
de un anhelo profundo antropológico
que da sentido a este mitologema.

Entendiendo la causa entenderemos
el meollo de su significado
y el mensaje universal que comunica
(cual tiene como meta todo mito
aun se exprese en diferentes rituales).

Para esto hay que mirar lo que es el hombre
y lo que sea su vocación profunda
más allá de educaciones y culturas:
esa a que está llamado desde el fondo
de algo real que pugna en expresarse
a través de estratos en que esconde
y a lo que el mito sirve a dar indicio. 

Por resumir diremos: "todo existe
mas nada es" en mundo de apariencias
donde se da la "vida cotidiana":
distingamos "Existir" en contingencia
sujeto a tiranía esa del tiempo 
y del espacio, de mente y de materia…
del puro "Ser" independiente y libre
que adelantamos, es la pura Conciencia. 

Con objeto de ilustrar el argumento
nos serviremos aquí de una metáfora: 
la vida habitual pudiera verse
como la proyección de una película
que se produce por sobre una pantalla
donde aparecen imágenes fugaces
permaneciendo un tiempo en que se mueven
y representan historias variopintas 
con momentos felices, desgraciados,
con temor y deseo, vida y muerte…
mas todo al poco de allí desaparece
y lo que queda es sólo la pantalla
inafectada, incólume, dispuesta
a de nuevo acoger otras imágenes.

Como sombras estamos condenados
a repetir historias por los siglos
todas al fin con argumento único 
de hacernos despertar de nuestro sueño
—"escondite de Dios" se le ha llamado—
descubriendo que somos la pantalla
y la luz que proyecta en pensamientos.

Este soporte, siguiendo la metáfora,
es la Conciencia en donde surge todo;
allí tienen lugar esas vivencias
cuyo fin último es que reconozcamos
—bien por discernimiento o sufrimiento—
que no somos al cabo nada en ellas:
pasar de la ficción en contingencia
a ser la realidad que es en esencia.

Yo estoy pero no soy en circunstancias;
"Soy el que Soy" detrás toda experiencia
y el mero hecho de verlo me libera 
de la identificación con los objetos 
para ser ya el único sujeto,
para ser ya la única Presencia.

Este es el verdadero nacimiento,
este es el niño Dios y el que nos salva
de nuestro propio engaño en sufrimiento;
la Virgen es pureza inmaculada
cual lo es —aquí-y-ahora— la Conciencia.

En la fecha de Navidad Cristiana
vuelve el mensaje que expresa recurrente
esa intuición que el mito nos traslada
(hoy día por cierto más bien enmascarado 
por consumismo falaz que nos aleja)
de realidad gozosa que está oculta
en esa cueva del corazón humilde,
expectante, silente, esperanzado
bajo la noche oscura y estrellada

El niño dios nacido de una virgen 
es Yo real surgente de Conciencia
si pura, virginal y no afectada
que así permite que haya el alumbramiento
en este mundo del todo a la Presencia,
al verdadero YO y no ese de persona
en engaño confundida con su máscara.

La maravilla al cabo nos acecha
y se hace próxima en estas Navidades
más cuanto más busquemos su silencio
(tal como el sol parado en el el solsticio)

pues sí, en efecto, ¡tú eres el dios, despierta!



© albertotrocóniz / 15
Texto: de “POEMAS DEL MITO”
Imagen: Talla gótica francesa de “La Virgen y el Niño”
en el Museo del Louvre


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