domingo, 14 de mayo de 2017

ENCUENTRO CON LA GRAN SACERDOTISA

Cruzaba yo perdido en el desierto
sin nada que beber, el sol quemaba; 
di de bruces por tierra allí esperando 
a que muerte segura me llegara.

Desperté viendo que era atendido 
por una hermosa joven de ojos negros 
que a través de su velo sonreía
reviviendo en mi ser al darme agua. 

La aguadora me invitó a acompañarla 
en caravana a través de las dunas; 
montados en camello proseguimos 
en largo viaje hasta noche cerrada.

Cabe un oasis se alzaba un bello templo 
que era bañado por la luz de la luna;
con tres llamados de la aldaba en la puerta
se abrió y entré a una sala en penumbra.

Por largo tiempo apenas distinguía
hasta que al fin un rayo plateado 
filtrado de un vitral hizo que viese 
en sitial elevado una figura.

Su trono era tallado en piedra cúbica 
de color de ceniza, un aerolito; 
se asentaba entre otras dos columnas
una de mármol claro y otra oscuro.

Formaban el umbral que daba paso
a un huerto de granadas florecidas
y el rumor de una fuente allí se oía
trayendo su frescor y gran fragancia.

Era la joven; se cubría ahora en manto 
azul intenso tachonado de estrellas,
como en cuerna de vaca era el tocado
en que en su centro brillaba un disco aúreo.

Entre sus manos sostenía un papiro 
enrollado; podía leerse “TORA” 
y en el pecho una gran cruz lucía 
de iguales brazos bordada en plata y oro.

Bajo sus pies como escabel mostraba
un creciente lunar que refulgía
cual asimismo su sonrisa enigmática;
toda ella envuelta en amplio y sutil velo.

Sus ojos penetrantes me miraban
en el fondo de mi alma escudriñando 
como diciendo “¿qué quieres tú extranjero?, 
¿qué has venido a buscar a este palacio?”.

Pregunté: “¡Oh señora ¿quién eres?!”.

“Yo soy la Ast egipcia, la Isis griega,
soy la Gran Madre, yo soy la Diosa Blanca,
soy Cibeles, la flanqueada por leones,
soy María en tradición cristiana,
soy el Yin, el polo femenino; soy tu ánima

… y ahora ¡habla!”.

“Hermosa joven apiádate del hombre 
que cruzando el desierto a poco muere, 
y al que un extraño designio aquí ha traído
hasta tus pies que besa, ¡oh veneranda!.

“Puse mis pasos sobre árido desierto 
que me llevó perdido entre las dunas,
azotado en tormentas por la arena,
abrasado del sol, y en noche helado.

“Busco un jardín del que oído hablar a ancianos 
y que se esconde oculto en algún punto 
donde felicidad mana por siempre 
de lo profundo en surtidor brotando.

“Quiero beber de ese agua incorruptible, 
calmar mi sed y mi hambre de infinito, 
no decir más “bebí y estoy sediento,
comí de frutos mas nunca fui saciado”.

“Has llegado por fin hasta esta sala 
—dijo—  que es el comienzo y punto de partida 
hacia un lugar ignoto aunque cercano;
¿pondrás ahora los medios necesarios?”.

“No deseo otra cosa noble virgen 
si tú provees mi alma con consejos 
y así con ello pueda alcanzar la meta, 
y llegue al fin a ese jardín ansiado”.

“Has de empezar por descorrer el velo 
de la ignorancia que te venda los ojos;
estos escritos esconden los secretos
guardados por los siglos como arcano.

“Estúdialos atento y sólo cuando 
ya puedas prescindir de los consejos 
porque tu propia luz te guíe en camino, 
podrás andar sin tropiezo los pasos.

“Al fin verás que tú fuiste la meta,
que son lo mismo el camino y lo andado,
que la fuente y la sed es sólo uno;
que al cabo el buscador es lo buscado
… y tú el jardín que brota en mil granados”.




© albertotrocóniz / 17
Texto: de “RITOS, MITOS, SÍMBOLOS”
Imagen: “Suma Sacerdotisa” 
Arcano II del “Tarot de Rider-Waite”


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en el Tablero “POEMAS DEL SÍMBOLO”


1 comentario:

  1. http://albertotroconiz.blogspot.com.es/2017/05/encuentro-con-la-gran-sacerdotisa.html
    http://tinyurl.com/kcepjdo

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