sábado, 4 de marzo de 2017

¿LA ENDODONCIA DERIVARÁ EN IMPLANTE?

Me he tenido que hacer una endodoncia,
y a mi pesar he ido al estomatólogo
—que en este caso ha sido estomatóloga—
do una enfermera de blanquísimo uniforme
me ha conducido al recinto de rituales.

Obedeciendo sus indicaciones
me he tumbado en el diván cual fuese
de una nave espacial, me rodeaban
aparatos de aspecto temeroso
todos bien ordenados y brillantes;
una luz intensísima por frente
impedía mantener abiertos ojos.

He decidido que en estas circunstancias
—que uno no elige "motu propio" habitualmente—
voy a aplicar el truco que practico
frente al dolor y que es abrirse a él siempre
relajando toda tensión del cuerpo
ayudándose de las respiraciones:
al momento de exhalar soltarlo todo
y aceptar sin reservas lo que venga;
esta actitud —lo aseguro— es milagrosa.

Mas quiero hoy incluso dar un paso
más allá a sacar el máximo partido
de circunstancias en las que me hallo inmerso
a ver si puedo incluso divertirme
y aquí el humor es la palabra clave:
si yo soy puro gozo y lo soy siempre
(en potencial que pide actualizarse),
nada puede impedirme que lo viva,
ni siquiera una muela careada
en lo interno atacada por los gérmenes.

Oí como entraba al gabinete la doctora
tomando asiento a la vera de mi catre;
inevitable que a tan corta distancia
las auras de entrambos se fundiesen
(soy muy permeable si es una chica joven)
y entreabriendo párpados vislumbrase
un par de bellos ojos observándome
que antojé cual de hurí ya que velaba
el resto de su rostro en mascarilla.

Con su voz cantarina me explicaba
el programa de acciones a aplicarme:
primero inyectaría la anestesia,
después insistiría con el torno
descubriendo la pulpa de la pieza
para luego vaciarla de los nervios
y acabar rellenándola de empaste.

Yo estaba atento tan sólo a aquellos ojos
incapaces de cometer maldades,
pues ya se sabe, son espejos del alma,
por lo que sin dudar pensé "adelante,
haz de mí lo que quieras tú ¡oh mi bella!,
tumbado en el diván soy todo tuyo"
(por lo demás no me quedaba otra)
y asentí con la cabeza a su propuesta.

Ha iniciado decidida el plan previsto
y he sentido el picotazo de la aguja
en la carne sensible de la encía;
esto es amor —he pensado— no permite
que un dolor aún mayor luego me invada
y por eso me aplica la anestesia.

A su pregunta de si la sentía dormida
(a la encía sin duda refiriéndose)
he despondido un "sí" en lengua de drapo
y con manos suavísimas y en látex
(digo aquí por los guantes que portaba)
de par en par me ha abierto por las fauces
rindiendo ese león que llevo dentro
que ahora ante la belleza deja hacerse
tal cual fuese un minino ronroneante.

Prosigue ella el plan que se ha trazado
hurgando por la muela careada;
se oye un trasfondo de música de Mozart
y yo siento emerger dentro del pecho
una corriente amorosa que se expande
hacia arriba trepando por la lámpara,
sube hasta el techo, llega a los difusores
de aire acondicionado, hasta altavoces
del hilo musical dando el concierto…

… para bajar como en forma de cúpula
lloviendo puro gozo en personajes
allí presentes en el lugar sagrado:
la enfermera (tiene rasgos incaicos),
yo tendido en altar del sacrificio,
y la bella oficiante procediendo
con su rito algo cruento (aunque indoloro).

Yo la observo furtivo enamorado
de vez en cuando, sin que se note mucho
miro sus ojos tan dulces y tan sabios
que están fijos en mí sin merecerlo;
demorando sus dedos por mi boca
en el dulce tormento que me sana,
siento las vibraciones en mi muela
aparte de en mi cuerpo en ciertas partes.

Cambia el tercio de varas por muleta
con trastos de matar espeluznantes 
—son palabras mayores lo que toca—
cuando armada como Judith moderna
ante Holofernes ("machista impresentable")
se acerca ahora con un torno punzante
para el que elige entre un juego de brocas.

El dolor tan temido y que no noto
—gracias como ya he dicho a su anestesia—
obra de contrapunto sibarita
realzando en contraste imaginado
esta alegría que siento bombeándose
originada desde el centro del pecho
en oleadas expansivas placenteras.

Como en un cuadro antiguo bien podría
—cual dipinto dal Raffaelo di Sanzio—
establecerse la relación geométrica
de las líneas que allí se hacen presentes:
nos llevan del mirar de la enfermera
muy atenta a las manos de doctora
y desde ellas en mi boca, hacia los ojos
de ese ángel bello obrando su milagro
completándose en los míos trayectoria.

Quién diría cuánto estuve transportado
a siete cielos por gracia de ese arcángel
("hágase en mí según es tu palabra")
que hizo gozase el paraíso boquiabierto;
mas todo pasa y llega, pues al cabo
misma voz cristalina me invitaba
a del sillón del viaje incorporarme
al tiempo me ofrecía un agua clara
servida en un vasito desechable
a fin de que las babas me enjuagase.

Si ofreces agua del pozo de tus ojos
do he tenido ocasión de reflejarme,
dame otra cita dentro de quince días
a comprobar si va bien el empaste,
o si al contrario debemos desecharlo
y plantearnos necesidad de implante
que tomará más tiempo entre tus manos;
tengo treinta y dos piezas en reserva,
y al paso de sesiones, pues ¡quién sabe!.




© albertotrocóniz / 17
Texto: de “LA ESPUMA DE LOS DÍAS”
Imagen: “Mola el Corazón”
de “FOTOFILTRADA”.


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