miércoles, 2 de diciembre de 2015

RUINA DE EMPERADOR: CARLOS SIN BLANCA

Me desagrada que en películas históricas
ponga cara un actor al personaje
—digo si es principal, de esos totémicos—
pues ya fijada con rasgos indelebles
por siempre queda en la memoria histérica
del acervo colectivo de las masas
mucho más que retratos de la época
(ahí están los de Carlos del Ticiano,
Napoleón con el que le hizo Ingres,
de Jesucristo quizá en Sábana Santa…);
la vera efigie aunque esta sea fea,
resultará por más interesante
que la de cómicos que no igualan el alma
que es la que se refleja en el semblante;
a mi entender y a evitar despropósitos
debieran pues, pixelados filmarse.

Mas toda regla tiene excepción notable,
me refiero aquí al caso Isabel-Blanca
en una meritoria teleserie
con loable intento de divulgar la Historia
de esa que hiciese tan grande a las Españas
"Carlos, Rey Emperador" intitulada;
explicaré bases de mi argumento
(que a avisado espectador no se le escapan):

Sumergido ya en máquina del tiempo
que supone la tele en cierto modo
y trasladado a épocas y a lugares
a vivir vicariamente los papeles
de personajes que aparecen en pantalla,
me ha fascinado ese momento mágico
de las noches de bodas memorables
(la cosa  dicen, durase por seis meses)
de Isabel de Portugal y Carlos I/V de Alemania.

"César o nada" se pone en boca de ella
a la hora de aceptar un pretendiente
y persistir en esa intuición kármica
a pesar de tanto impedimento
con paciencia digna de una Penélope
en odisea que por demás la honra
y la llevase al cabo a imperial tálamo
culminando en felices hierogamias.

Que la mujer más guay en toda Europa
al decir de sus contemporáneos,
le apareciese desnuda como diosa
—bella cual Venus, Minerva inteligente—
y a mayores, estando enamorado,
tuvo que compensar de sinsabores
a atribulado emperador rigiendo
a electores, al felón rey de Francia,
a ese rijoso Enrique de Inglaterra,
a Hernán Cortés haciendo de las suyas,
a luteranos, al turco y hasta al Papa…

En cuanto a mi, frente a hermosura espléndida
de la actriz que a emperatriz encarna
pero que ha muerto a mitad de la serie
—cual era de esperar de sobreparto—
me duele como a Borja dolió el hecho:
si él viendo a su ama-amor hecha gusanos,
yo como espectador privado de ella
—que me había acostumbrado a su privanza—
por resto de capítulos que sigan
más pobres en visual exuberancia.

Me identifico con Carlos en sus cuitas,
ya un triste viudo a quien le doy el pésame
y al que por cierto aún queda "mucha mili"
hasta "la gota" que colmará su vaso
a retirarse a comer truchas a Yuste,
quien por más "Inri" siempre estará endeudado
—oro de América gastado en "guerras santas"—
pudiendo así decir: "estoy sin Blanca".

Mas, si no emperador de un sacro imperio,
yo, émulo del sultán en aficiones
cual entiendo es latencia en todo macho
(mal que ello pese a ciertas feministas)
ya sea moro o Príncipe Cristiano,
expongo un cuadro algo más "a lo vivo"
que inconfesable colme los afanes
de un yo-poético explorador de todo
desde aquello divino hasta lo humano
sin conocer limitación alguna
ya sea en el tiempo o el espacio
para vivir imaginaria tesitura
con hembra y parecida circunstancia 
en erótico enlace (con dos rombos)
—aviso que resulta algo "turbante"—
pues que tiene lugar en mi serrallo
a la vez virtual y literario
al que invito a amigotes (ver debajo).



© albertotrocóniz / 15
Texto: de “TALCO MOLO EO”
Imagen: "En Su Alteza Isabel Suareza Blanca"
de “FOTOFILTRADA”


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UN HARÉN VIRTUAL Y LITERARIO
… y en el tablero “LA ESPUMA DE LOS DÍAS”

1 comentario:

  1. http://albertotroconiz.blogspot.com.es/2015/12/ruina-de-emperador-carlos-sin-blanca.html
    http://tinyurl.com/gl734f9

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