sábado, 27 de octubre de 2012

MIGUEL SERVET AFRONTA SU CONDENA

Hoy en Ginebra, año de mil quinientos
cincuenta y tres, octubre veintisiete,
yo Michele Serveto heterodoxo,
alias "Revés", soy reo de la hoguera.

"Revés" se me adecua y me define
ya que suelo jugar siempre a la contra
de lo que está comúnmente establecido
y en pos del "sueño" de una "visión" científica…
Hoy mi revés es grande y temeroso.

He cumplido los cuarenta y dos años
que muy pronto arderán en una pira;
¿pude haber evitado mi captura?,
confieso tener miedo y también pena.

Muero porque nunca me conformo
con los dogmas, vengan de donde vengan;
soy de libre pensar y en controversias
niego en rotundo a aceptar lo que no vea.

De hereje entre el hereje se me acusa;
un juicio prejuzgado y en la espera
encadeno pensamientos de antaño
cuando de niño en mi pueblo de Huesca

… la casa patriarcal de Villanueva
—mi padre era un notario acomodado—
los juegos del jardín, latín y griego,
más tarde en Zaragoza ya el hebreo.

Soy descendiente de judíos conversos
—mi abuelo le prestaba a Carlos V—
malas lenguas dícenme circuncidado
(mas "con o sin prepucio todo es Cristo").

Primer oficio: de paje y secretario
de Juan de la Quintana el agustino
preclaro confesor del César Carlos,
que abrió mi mente a la filosofía.

A su sombra viajé por toda Europa;
fiesta en coronación del Sacro Imperio
allá en Bolonia, incienso, las descargas
(que llover pájaros hicieran desde el cielo).

Y algo allí precipitó en mi alma
como una losa al ver todas las pompas
e idolatrías que se rendían al Papa
(que sólo un monigote a mí me pareciera).

Algo profundo clamaba en reformarse:
¿dónde encontrar a Cristo en esa corte?;
usurpaba virtud todo pecado
y su perdón negocio en simonía.

Luego Toulouse en donde estudié leyes,
lecturas de la Biblia en libre examen
según propugnan corrientes reformistas:
Lutero, Melanchthon y ahora Calvino...

Después vagar, docencia en todas partes
cargado del tesoro de mis libros,
siempre en afán de esclarecer las cosas
en París, en Lyon, en Estrasburgo…

He traducido del griego a Ptolomeo,
con Vesalio diseccioné cadáveres,
hice jarabes para remedios fármacos
y como astrólogo predije los eclipses.

En París enseñé matemáticas,
en Lyon fui impresor y también médico
en Vienne del Delfinado, allí raíces
pude un tiempo tener (no en matrimonio).

Médico personal fui de su obispo,
también curaba por caridad a pobres
("si la fe es como llama en lámpara,
el amor es aceite en el que arde").

Disimulé, identidades falsas:
"Michel de Villeneufve" y así escondido
y ocultando al tiempo mi conciencia
me hice pasar por católico en el cargo.

Mas la insana pasión por teología
más la insana pasión por la polémica…
me metí en inúmeros problemas
y como un réprobo fui quemado en efigie.

De errante condición, ávido en cosas
grandes que hacer, gustando de debates,
di en caballero andante, en el escudo
por lema mi verdad, lanza en palabras.

Mi antítesis perfecta es Juan Calvino,
de duro corazón y alma de hielo,
rigorista inflexible, sin entrañas,
elocuencia sin jugo, un gran mezquino.

De su divinidad, inquisitorio:
¿la Trinidad?, tal dogma no está en Biblia;
política y poder todo mezclado
a unas ideas que dice religiosas.

¿Dónde está Dios?: ¿nominalismos fútiles?,
¿o se expande inmanente a todos seres
como una luz divina y creadora
obrando su virtud por el espíritu?.

Si todo el sectarismo y la codicia
y sucias maniobras que se esconden
bajo el orgullo disfrazado en virtudes
dieran paso a verdad y a lo sencillo…

El destino me trajo aquí, a Ginebra,
y he sido preso por cartas a Calvino
donde buscaba aclarar las diferencias;
él con mi muerte cree zanjar la disputa.

Me queman calvinistas —sólo anécdota—
lo mismo hubiesen hecho los católicos;
mis libros ya han ardido por doquiera:
en Aragón, Toulouse, … yo un perseguido.

Esta sangre que corre por mis venas
vivificando el cuerpo, respirando
este misterio vivo y milagroso
que descubrí, ¿pronto vapor y nada?.

Tú también arderás ¡oh libro-hijo!,
pues reflejas mi vida de intelecto;
con rechazo al bautismo, cosa inútil
ya que el pecado original lo niego.

Se me ha ofrecido transacción deshonrosa:
un modo de morir benevolente
si abjuro en mis ideas, mis escritos,
¿en vez de yo en carbunclos … yo-ceniza?.

Espero que a lo menos sea provista
una carga de leña que esté seca;
para tal fin he dado mi cadena
de oro, ya del resto he sido despojado.

Veo mi vida y en ella muchas cosas,
una sola me quedo como saldo:
que busqué la verdad, abrir tinieblas
en el alma del hombre y sus prejuicios.

Vislumbro el día en que los fanatismos
disueltos por las luces de las mentes
permitan un pensar que sea libre;
me ha tocado vivir en su adelanto.

Desnudez, ya presto voy desnudo
a enfrentarme con Dios que está en el fuego
y en el viento que sopla, en mis sudores,
en la leña a mis pies … sí, en mis verdugos.

¡Qué arcanas paradojas trae la vida!,
que hoy tan lejos me encuentre, ¡cuán curioso!;
toda esta turbamulta me aparece
como un extraño sueño, como un humo…




© albertotrocóniz / 12
Texto: de “SEMBLANZAS "
Imagen: Dibujo de José Luis Cano
de la exposición itinerante sobre Servet,
de “PINACOTECA”



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1 comentario:

  1. http://albertotroconiz.blogspot.com.es/2012/10/miguel-servet.html
    http://tinyurl.com/q8csrpb

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