lunes, 17 de septiembre de 2012

EL MATADOR ENCARNA AQUÍ A TESEO

La fiesta de los toros es el símbolo
que representa, volviendo a revivirse,
el combate de luz con las tinieblas;
nuestra "heliomaquia" es en último extremo.

Hoy el torero en el anfiteatro
de una cultura que contemplan los siglos
—nuestra cultura, la del Mediterráneo,
de Grecia y Roma— renueva el viejo mito:
el de Teseo que enfrenta al Minotauro
cuando desciende al ruedo-laberinto
y reta allí a la fiera —nuestra sombra—
y él con su arte de Ariadna nos da el hilo.

Son los contrarios de nuevo en guerra a muerte
desde hace eones con la expulsión de ángeles
en rebelión caídos en lo matérico
opuesto siempre al último designio
que es el mutar del plomo-toro al oro
y desde entonces la lucha se repite
mimada en ruedo en liturgia de rito
del bien y el mal, de lucidez y sombras,
de razón y pasión en pugna agónica.

La bestia expresa las oscuras pulsiones
que son las propias, ocultas, inconscientes,
viniendo de muy lejos, de los siglos
de evolución animal hasta el presente;
es nuestra sombra, el reino de la noche
exaltado en creciente de la luna
con la excreción armada de la testa;
no lucidez solar, aquí es la sombra,
aquí es Dionysos: todas las fuerzas básicas,
lo pasional que acomete en instinto
con el bramido profundo de la víscera
y la pezuña hendida en la materia.

En otro extremo opuesto del combate
el hombre en su razón se representa
por la grácil figura del andrógino
vestido en luces y casi a pie descalzo,
es Sol-Apolo que dispensa sus flechas:
el estoque y un lienzo son los medios
frente al toro en esplendor de fuerza
y vigor animal que exhibe armado
en aguzadas astas, su peligro.

Sobre el círculo mágico o mandala
en danza agónica se entabla la pelea
que enfrenta al ángel vestido en seda y oro
con-descendiendo a la batalla —nuestra—
donde esperamos que inteligencia y arte
y el valor —otra vez es lo heróico—
logre su fin de superar lo oscuro
saliendo victorioso en este reto.

Cual el sol que tras de sumergido
en el magma inconsciente de la noche
se alza triunfante en paso de la muerte
alumbrando de nuevo el diurno viaje
e infundiendo su fuerza en criaturas:
lo inerte, lo animal, el hombre, el ángel…
son nuestras varias potencias en conflicto
hechas patentes en tiempo de la fiesta.

Él es Teseo que enfrenta a propias sombras,
a las que si vencemos redimimos
y así avanzamos en esta alquimia ardua
de evolución de bestia a lo divino;
por de pronto ya somos más humanos
cuando razón supera al mero instinto
de lo animal inmerso en las tinieblas:
cuando es Apolo quien se impone a Dionysos.

A ti torero, gracias por tu heroísmo.



© albertotrocóniz / 12
Texto: de “TAL COMO LO VEO”
Imagen: “Tomás Torero Teseo”,
 de "FOTOFILTRADA"

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