viernes, 28 de septiembre de 2012

TORRES TÉRMICAS



Sigo hoy con argumentos que voy dando
en este blog en posts divulgativos
referentes a temas relevantes
que llevo a cabo en investigaciones
sobre aspectos de leyes morfológicas
aplicadas ante todo a arquitectura
(al edificio y a la estructura urbana)
en lo que hace a sus dispendios térmicos*.

Hoy pretendo ilustrar de algún ejemplo
el hecho sorprendente e inquietante
—sea el arquitecto de ello, o no, consciente—
de que las líneas iniciales casuales
de edificio pergeñado en servilletas
(quizá en café como Siza en Oporto),
puedan determinar en adelante
las cantidades de energía ingente
que necesitará el acondicionamiento
térmico ya sea de verano y/o invierno
durante el lapso de la vida útil
en el contexto de un clima que es extremo,
cual es el de Madrid (calor y frío
muy intenso durante ciertas épocas)**.

Así comparo dos torres diferentes
que hay por aquí: “Torres Blancas” de Oiza
y la otra de “Sacyr” de Rubio y Álvarez.

No se juzgan —ya advierto— por su estética,
construcción, estructura, economía,
ni adecuación al entorno urbano,
ni siquiera el concepto de ser torre
se considera —sea este -o no- adecuado—
ni cualquier otra cosa; ahora comparo
solo la bondad térmica implicada
por sus características geométricas.

El argumento va ser, lo resumimos:


La Eficiencia Térmica depende
en cuanto hace a la morfología,
del denominado “Factor de Forma”,
aquí no sólo el habitual geométrico,
sino un “Factor de Forma Ponderado”***,
que es al volumen la incidencia de áreas
del cerramiento en contacto con el medio,
cuando se toma en sus tres dimensiones
matizado por factores que reflejan
la aportación que supone el aislamiento
(expresado por conductancias térmicas).

Dicho Factor de Forma Ponderado
se demuestra resulta equivalente
al calor unitario y específico
por transmisión a través de la envolvente
(de momento no consideraremos,
en las evaluaciones iniciales,
la incidencia de las renovaciones
del aire según Código Técnico).


Para formas cual estas “Anextrémicas”****,
cuyos sólidos pueden considerarse
por extrusión de sección generativa
que recorre virtual toda la altura,
dejando exenta tan sólo la cubierta
como pequeño extremo resultante,
puede aplicarse el “teorema de Troconius”*****,
según el cual todo el sólido extruido
equivale en cuanto al resultado
de su compacidad (inversa a factor-forma)
al de sección generativa media,
que en las torres corresponde a la planta
(en la figura dos representativas).


Es por tanto el tal factor de forma
—ya bidimensional y ponderado—
de esas plantas (tomamos una media)
lo que dicta las bondades potenciales
respecto al previsible gasto térmico
por transmisión (el principal fenómeno),
siendo mejor la planta más compacta
que si en ambas igualamos aislamientos
para que el factor geométrico destaque,
tiene dos componentes que involucran:

a/
La figura: en el caso de Oiza
presentando un perímetro prolijo
para una superficie que es pequeña;
todo ello la hace desfavorable
si se compara con la otra torre expuesta;
en ella su figura es casi un círculo
que es la más eficaz de las posibles,
pues tiene el área con la menor frontera.

b/
El tamaño: que es lo más interesante
(pues si el perímetro crece linealmente,
el área dentro lo realiza al cuadrado,
y así su relación lineal decrece
y la compacidad pues, se incrementa).
En la segunda la superficie es grande,
y además se organiza en redondo
(aun teniendo el “recuerdo” de un triángulo);
es en resumen una planta compacta
que es la eficaz para climas extremos.

Conclusión (a ver si va calando):

El arquitecto en su tablero debe
examinar con cuidado las opciones
abiertas ante él como posibles
elecciones formales iniciales;
ha de saber que hay leyes morfológicas
que imponen su dictado en lo energético
y en estos tiempos de escasez de recursos
no puede permitirse su ignorancia.

¿Que por otras razones se decide
hacer un zigurat aterrazado?,
vale, muy bien, preparen el dinero
los propietarios, sus hijos y sus nietos.

Más aislamientos y más instalaciones:
maquinaria, conductos, tuberías,
parafernalia varia y dispendiosa
de dinero, recursos, energía,
a más de poluciones asociadas
por combustiones de las fuentes fósiles,
son necesarios en creciente cuantía
para suplir las faltas por diseño
(a técnicas refiero que no “artísticas”).

Los de Oiza ya pagan el capricho
a cambio de vivir en “obra de arte”;
los de “Sacyr” pagarán por la crisis
(que es un modo más triste de arruinarse).


© albertotrocóniz / 12
Texto & Imagen: de “MORFOENERGÉTICA ARQUITECTÓNICA

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